Ermita de Jesús Crucificado

 

«...Los terrenos que ocupaba el antiguo Cementeri Vell, clausurado hacia 1885, fueron destinados en 1940 para la ejecución de la actual y hermosa Plaza de los Caídos.

 

Según el historiador Montesinos, y es lo único que cita sobre el mismo, su construcción data del año 1809, fecha en que dejan de efectuarse enterramientos en la Iglesia Parroquial.

 

Era dicho Cementerio de tamaño reducido, como lo demuestra las dimensiones de la antes citada Plaza y estaba rodeado de un muro en cuya parte exterior, adosado al mismo, tenía distribuidas las estaciones de un Vía-Crucis; dichas estaciones estaban en losetas de cerámica y durante muchos años existió la costumbre en los viernes de Cuaresma especialmente, ir allí a rezarlo, piadosa gente.

 

Adosada a la tapia, había una ermita-oratorio dedicada a Jesús Crucificado, que era conocido popularmente por el nombre de Cristo de Zalamea. Próximo a este oratorio estaba el que tantos años fue Paseo de la Alameda, antiquísimo Camino Real de Orihuela, que unía el Norte de la Península con el Sureste y que actualmente es la calle Sentenero.

 

Hasta 1936 se albergaban allí los pasos que salían en las procesiones de Semana Santa, llamados La Oración del Huerto y El Encuentro, que, junto con el Santo Cristo que estaba en una hornacina sobre el Altar único, salían los tres de este Oratorio para integrarse en las dichas procesiones.

 

En años del primer cuarto de este siglo, existía la costumbre de celebrar en este Oratorio, el día 21 de julio (víspera de la festividad de la Patrona), una Misa cuyo altar se montaba en la misma puerta; era una Misa de Campaña para presidir la cual se traía a Santa María Magdalena desde la Parroquia; ayudaban a oficiarla colegiales del Seminario de Orihuela, llevando el manto (capa sobre el uniforme) y la beca (o banda) de color blanco que constituían el uniforme del citado Seminario.

 

Sobre el dintel de la puerta de la ermita, una lápida en mármol negro, recordaba que el señor Marqués de la Romana hizo donación de estos terrenos al pueblo de Novélela y que antes eran los mismos, la antiquísima Era del Rey.

 

Dejó de utilizarse este Cementerio alrededor del año 1885, recién pasado el segundo y último cólera, que fue en el verano de 1884; se explica la poca permanencia del mismo en su utilización por su pequeño tamaño y las dos epidemias de cólera que durante la misma hubo, que produjeron muchas víctimas.

 

Es de hacer notar que, si bien en el Cementerio actual hay algunas sepulturas que señalan la fecha de defunción en 1870, ello es debido a la traslación al mismo de enterramientos de aquél.

 

Fueron derruidos, en parte, este Cementerio y su Oratorio, durante nuestra última guerra civil. Al construir la al principio citada Plaza y su monumento, fueron trasladados muchos restos que quedaron al descubierto al osario del actual.

 

Y terminamos diciendo que cerca existía una casa para la ermitaña que cuidaba del Oratorio; estaba a mano derecha de la calle que desde la de Sentenero conduce a la repetida plaza, muy cerca del mismo.

 

El último enterramiento que hubo en este Cementerio está anotado como la mujer de Antonio Martínez...». (1)

 

«...Se trataba de una pequeña ermita adosada a la tapia del antiguo cementerio, edificada a mediados del siglo XIX. Constaba de una sola nave con banco corrido en sus laterales y un único altar dedicado al Santo Cristo, popularmente denominado Cristo de Zalamea.

 

La fachada principal tenía una puerta dintelada, con dos pilastras adosadas a sus lados con capitel corintio, rematado con un friso corrido y cornisa que servía de soporte a dos pequeñas pilastras rematadas con sendos copones. Todo ello enmarcando un ventanal de forma rectangular.

 

Al interior la decoración era sencilla, reduciéndose al altar con hornacina, flanqueada por columnas de fuste liso y capitel de hojas de acanto y volutas con friso y frontón dentado, adornado con un medallón frontal. Del frontón salía un friso corrido con pilastras adosadas. El presbiterio quedaba ligeramente elevado y separado del resto de la nave por una verja de hierro.

 

A pesar de que el cementerio dejó de utilizarse hacia 1885, éste no fue derruido hasta la década de los cuarenta del siglo XX. La ermita mantuvo el culto hasta esa misma fecha, guardándose en ella dos pasos de la Semana Santa, La Oración en el Huerto y El Encuentro.

 

Francamente deteriorada y ante la nueva urbanización de esa zona de la población, la ermita se derribó a comienzos de la década de 1950...». (2)

 

(1) Vicente Sala Cañellas. Crónicas de la Villa de Novelda, 1977,

(2) Concepción Navarro Poveda. Las ermitas, arquitectura y religiosidad popular.

 

Última actualización: 20/11/2022