Ermita de Nuestra Señora de los Dolores (Salinetes)

 

«...El Balneario de Salinetas constituía un conjunto sanitario y residencial ubicado a la izquierda de la autovía que desde Elda nos conduce a Alicante, ya en tierras de Novelda. En este enclave, actualmente conocido como El Chorro de la Sal, El Chorro de Salinetas o los Baños de la Sal, al presente sólo podemos apreciar los restos ruinosos de la sala donde se tomaban los baños y de una ermita perteneciente al complejo, manteniendo todavía importancia el lugar por lo que la tuvo antaño: sus aguas.

 

Se desconoce la utilización a lo largo del tiempo de las aguas del lugar, al carecer de fuentes fiables hasta el momento. Pero bien es cierto que, desde los estudios hidroterápicos de Alfonso Chirino en 1519, hasta los del naturólogo Cavanilles a fines del siglo XVIII no se cita el lugar que nos ocupa la atención.

 

Es inicialmente en 1853, en la obra de Dº Pedro Mª Rubio (1), donde se nombra esa agua por primera vez; pero con seguridad, no se hace un uso salutífero-medicinal de ella hasta comienzos del siglo XIX, puesto que, antes de levantar el establecimiento, el doctor Ildefonso Bergez -licenciado por la Universidad de Montpellier y médico titular de la ciudad de Alicante- ya cita, en escrito remitido a la Junta de Sanidad Provincial, los casos de algunas personas que, tras el tratamiento continuo con esta agua, resultan sanadas al desprenderse las costras de sus heridas o al sentir el alivio tras algunas terribles dolencias.

 

Desde mediados del siglo XIX fue costumbre de la burguesía en España visitar los balnearios, buscando en estos lugares, más que recreo, ocio, esparcimiento y relajación, curaciones ante ciertas dolencias puntuales y tratamientos, así como terapias salutífero-medicinales para enfermedades más dolorosas. El fin de los balnearios tenía un claro carácter medicinal en base a las propiedades de las aguas y en la forma cómo se tomaban: baños de asiento, inmersiones o incluso ingeridas.

 

El auge de estos espacios de salud se mantendrá durante bien entrado el siglo XX, ayudando a ello las políticas turísticas durante el reinado de Alfonso XIII con la aparición del descanso dominical y nuevas formas de ocio. Contribuirá también a ese auge la creación en 1905 de la Comisión Nacional de Turismo, así como, posteriormente, la Red de Paradores Nacionales. Es a partir del final de la II Guerra Mundial, con el avance del proceso de industrialización y la progresiva estabilidad política que se va manifestando en algunos puntos peninsulares, unido a la incipiente sociedad del bienestar que hacía su aparición en diversos países europeos, cuando se denota un cambio en la tendencia de hábitos; del balneario se pasa al disfrute y a las no menos saludables aguas marinas. La costa como espacio saludable, pero también de ocio, expansión y recreo.

 

Por lo que respecta al balneario que nos ocupa, hay documentadas en 1857, antes de levantar el complejo, la visita de más de trescientas personas al entorno natural y salutífero haciendo uso de las propiedades de los baños, en su gran mayoría y como ya señalábamos anteriormente, con un claro carácter medicinal. De estas personas, buena parte se vinculaban a una pequeña burguesía terrateniente, pero también será utilizado por las clases más humildes e incluso pobres, que tendrán cobertura tanto residencial como terapéutica.

 

De los establecimientos levantados en el enclave salinífero, cabe decir que los terrenos ubicados actualmente y en el momento de su construcción en término de Novelda, se localizan muy cerca de los límites municipales de las vecinas poblaciones de Petrel y Elda, y que, curiosamente, eran conocidos desde antaño como manantial de las Salinetas de Elda. Estas tierras, propiedad del labrador Pedro Belda, eran incultas y fueron heredadas tras la muerte de éste por sus cinco hijos, dejando sin repartir "...un trozo de tierra de cómo dos tahúllas y manantial de agua salitrosa que hay en ella […] sin duda de que por su ningún valor cuando la heredaron dejaron sin dividir ni adjudicar dicha tierra y agua por improductiva y hasta perjudicial...”.

 

Así pasó a manos de varios propietarios. De entre ellos, será D. Francisco Banquells el que inspire el proyecto y solicite autorización a la jefatura superior provincial para poder construir el balneario.

 

El balneario estaba compuesto de una mina o surgencia de la que brotaban las aguas y el pabellón de los baños, que se componía de un solo cuerpo de edificio de aspecto elegante y sencillo y cuya fachada estaba orientada al mediodía. El establecimiento principal constaba de dos inmuebles, que ofrecen las condiciones higiénicas de la época; cuartos cómodos y aseados para baños, habitaciones, así como un local para fonda. El edificio principal, sin ser grandioso, de 50 metros de frente por 9 de profundidad, contaba con alojamiento para treinta personas por un lado y seis habitaciones separadas de la casa fonda, destinadas a las familias que no desearan alterar sus costumbres ni sujetarse a los usos del establecimiento.

 

A principios de los años veinte, se realizan ampliaciones y mejoras contando ya con cincuenta habitaciones, dos comedores y dos salones de tertulia, uno de ellos dotado de un piano y gramófono para la diversión de los clientes.

 

La última etapa de esplendor del establecimiento vendrá tras su compra en 1919 por Antonio Alenda Valero, nieto de uno de los primeros fundadores, que realizó importantes reformas. Amplió la capacidad del balneario e incidió en la difusión del lugar mediante carteles y propaganda. También se sustituye el gas por la electricidad y aumenta el espacio de zona verde con árboles y jardines. Y pasa a ser ordinario el trayecto desde la estación de tren Elda-Petrel en coche de caballos, disponiendo asimismo de un automóvil para recoger a futuros clientes en la estación de Novelda.

 

La muerte del Sr. Alenda en 1931 significó el cierre definitivo del complejo. Y tras la Guerra Civil, la falta de capitales impidió su apertura, siendo pasto al expolio en 1940 en una España necesitada. Diez años más tarde, los herederos del Sr. Alenda volvieron a adquirir los terrenos y los restos de las instalaciones, que volvieron a ser fruto del expolio en 1971, desapareciendo así toda traza sustancial de un lugar que fue de interés y utilidad pública...». (2)

 

«...La ermita es citada por Figueras Pacheco (3) a principios del siglo pasado. Allí existían, junto al balneario, un hotel y una fila de casas para albergar a los bañistas con sus familias. En esta fila, que todavía subsiste, estaba la ermita.

 

Construcción extremadamente sencilla, entre medianeras, el retraimiento de la fachada respecto a la fila de casas creaba un espacio o placita ante la misma. La fachada presenta sobre la puerta un ventano semicircular y un frontón de perfil superior mixtilíneo con parte recta central y curvas laterales en declive. Sobre la parte central se eleva la espadaña con hueco de medio punto y parte superior a dos aguas. La planta rectangular, medía 9,50 por 5,60 metros...». (4)

 

(1) Pedro María Rubio. Tratado completo de las Fuentes Minerales de España. Madrid, 1853.

(2) Juan Carlos Valera García. Revista Eco Eco, nº 0

(3) Francisco Figueras Pacheco. Geografía General del Reino de Valencia. Provincia de Alicante. Barcelona, 1911.

(4) Ramón Candelas Orgilés. Las ermitas de la provincia de Alicante. Alicante, 2004.

 

Grabado de 1875-76 con la vista del balneario, coloreado en el siglo XX (fotografía cedida por Pau Herrero). Revista Eco Eco, nº 0.

 

Imagen extraída de la obra, Las ermitas de la provincia de Alicante.

 

Imagen extraída del blog Geoelx, 07/12/2009

 

Imagen extraída del blog Geoelx, 07/12/2009

 

Imagen extraída del blog Geoelx, 07/12/2009

 

manolo serrano, 30/05/2013

 

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manolo serrano, 30/05/2013

 

manolo serrano, 30/05/2013

 

manolo serrano, 30/05/2013

 

Última actualización: 09/05/2022